Los protagonistas de una tragedia y sus lazos familiares en San Luis

A continuación publicamos una nota especial del portal web periodistasenlared.info de autoría del periodista Gustavo Senn
Dos de los tres ocupantes del avión incendiado el domingo tenían sus raíces en San Luis
El más conocido por su actividad empresarial y por haber sido Presidente de la Cámara Argentina de la Construcción -Juan Chediack- vivió en su infancia y adolescencia en la casa que luego, desde 1968, fue la Residencia de los Gobernadores y actualmente es el Centro Oncológico Integral, en la Avenida del Fundador, próximo al Puente Blanco.
Algo había dicho hace un tiempo el Gobernador Alberto Rodríguez Saá en uno de esos discursos, cuando se refirió al Centro Oncológico, sobre que la casa había sido comprada al constructor Chediack (el padre del referido en esta noticia).
Mientras tanto, Juan Ignacio Bilasio Barbeito, el copiloto de la aeronave que se precipitó y se incendió en el aeropuerto local, también tiene raíces puntanas -así lo expresa su perfil en facebook- y se ha desempeñado como piloto militar de la Armada y según esa misma fuente, también.de la aerolínea LATAM.

Pero las historias, casualmente o no, se cruzan. Este artículo surgió casi de una casualidad: Una notificación de Facebook de un posteo hecho por la vecina y amiga de quien escribe estas líneas: Edith Hortensia «Chuscua» Despouy Domeniconi, quien también fue vecina muchos años atrás del hombre que sufrió la tragedia el domingo último. Y además, familiar del piloto naval que todavía pelea por su vida en el Hospital Central «Ramón Carrillo»: María Eugenia Barbeito, la madre de Juan Ignacio Bilasio Barbeito es prima suya.
Recordando la infancia de Chediack y su familia relata: «No usábamos los frentes para pasar de una casa a la otra, pasábamos directamente por el alambre. Éramos como hermanos», desgrana en una larga charla atravesada por la emoción y los recuerdos. Cuenta que recién cuando fue el gobierno militar (no aclara cual) se levantó el muro que hoy rodea la edificación en la que vivieron los gobernadores de San Luis hasta 2015.

«Juan era más chico que yo, era de la edad de Pablo», el hermano que vive en París desde hace varias décadas. También es hermana de Leandro «Chungo» y Alberto «Dakota» Despuy, dos hombres de la política ya fallecidos de quienes «Chuscua» trajo a la memoria en innumerables anécdotas.
Se remontó hasta cuando su padre le vendió al padre del fallecido el predio donde tenía una feria, justo al lado de Villa Hortensia. También repasó el nombre de los integrantes de aquella familia que fue como parte de la suya.

La hija de Pablo Pedro Despuy y Edith «Yeya» Domeniconi -quien pronto cumplirá 104 años, hermana de «El Pibe» Alberto Domeniconi, ex gobernador de San Luis por la UCRI- contó que todavía seguían manteniendo el vínculo entre ellos y que la noticia significó un profundo dolor.
Antes había publicado en la red social Facebook:
Una triste noticia invade los corazones de la familia Despouy Domeniconi, Juan Chediack, uno más de aquellos niños y jóvenes que un día fuimos, «se fue».
«¡El dolor nos acompaña ante las pérdidas de seres tan queridos! Los recuerdos fluyen cuando dos familias se comunicaban a través de un alambre que separaba ambas casas amalgamándose casi en una».
«Reinaba en la legendaria Villa Hortensia risas y juegos de niños inquietos y soñadores ¡Nuestros padres festejaban nuestras aventuras!»
En los rincones de los añejos muros de Villa Hortensia retumban en eco sus voces y en sus jardines boscosos se ven jugando… En esa infancia y juventud plena que nos acompañó…» dice, repasando el vínculo y finaliza con un saludo manifestando que «A Villa Hortensia también le lloran sus muros, porque se fue alguien que la vieja casona abrazó como otro hijo!»
La referencia al copiloto fue más breve, seguramente por una distancia generacional, pero si recordó que su padre era «un marino» que se casó con su prima María Eugenia.
El hombre que iba en el avión siniestrado era piloto naval y uno de sus hijos -que se encontraba en viaje en la Fragata Libertad cuando ocurrió el hecho- había seguido la tradición familiar.
También se desempeña como piloto comercial en LATAM.

Según el último parte médico conocido, Juan Ignacio Bilasio Barbeito, de 51 años, se encuentra internado con pronóstico reservado en Cuidados Críticos. El parte oficial del “Ramón Carrillo”, detalla que el paciente se encuentra con politraumatismo grave, con quemaduras del 44% de la superficie corporal y con compromiso grave de la vía aérea.
Además, presenta fractura de pelvis inestable, con estabilización quirúrgica. Está hemodinámicamente estable, y con interconsultas a las especialidades requeridas.
El piloto de la aeronave

Si bien no tenía vínculos con San Luis, su muerte causó conmoción en la localidad bonaerense de donde era oriundo y tenía una prolífica vida social, tanto en el Aeroclub local como en la vecina San Pedro y en el Club Sportivo Baradero.
El Aeroclub San Pedro despidió a Esteban Asprella por las redes sociales al piloto de Baradero que murió en el avión del empresario Juan Chediack:
«Bebu», como lo llamaban en aquella ciudad, tenía 36 años y era un asiduo colaborador del Aeroclub local y miembro de la comisión directiva del de Baradero.
El Aeroclub Baradero, donde Asprella era instructor y tesorero, lo despidió con un mensaje en las redes en el que se destacó que «por sobre todas las cosas, era camarada y amigo».
«Bebu», como lo llamaban sus amigos, la semana pasada había celebrado el primer vuelo sin instructor de uno de sus familiares, Elías Asprella.
El Club Sportivo Baradero también lo despidió: «Lamentamos la triste noticia del fallecimiento de Esteban Asprella, un socio e hincha de la institución que perdió su vida haciendo lo que amaba. Hijo y familiar de importantes dirigentes que pasaron y construyeron la historia de nuestra institución. Que en paz descanses, Esteban. Abrazo y fuerzas a toda la familia y seres queridos».
En el perfil de Facebook de Asprella, oriundo de Baradero, casi no hay fotos en las que no haya un avión a su lado.
Estudió en la escuela de aviación ETAP de Vicente López. Como él había detallado en en Linkedin, su relación profesional con los aviones empezó en 2007 cuando obtuvo su primer título por parte de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), como piloto de planeador.
Tenía más de 1.700 horas de vuelo en aeronaves Beechcraft Baron y King Air 90. La que se accidentó -por su tamaño, popularmente se la llama «avioneta»- era una Beechcraft G36 Bonanza, con la matrícula argentina LV-GLQ y perteneciente al aeroclub de Mendoza.
Informe: Gustavo Senn
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http://periodistasenlared.info/setiembre23-19/nota4.html
